¿Qué es la Medicina Interna?

La eterna pregunta: ¿Qué es la Medicina Interna?

 

Siempre que me preguntan mi especialidad, al explicar qué hace un internista, me encuentro —supongo que como todos mis compañeros— con la misma cuestión: ¿qué es exactamente la Medicina Interna?

 

Casi siempre respondo igual: ¿recuerdas la serie House? El doctor House actuaba como lo hace un internista (aunque, eso sí, nosotros no invadimos casas ni contestamos de forma tan mordaz).

 

Con el tiempo, la serie va quedando atrás, así que, en lugar de recurrir a ese ejemplo, toca explicar desde cero qué hacemos los internistas. Curiosamente, dentro de un hospital y dentro de la medicina, todos los médicos saben perfectamente quiénes somos y cuál es nuestro papel.

 

Si tuviera que empezar por algún lado, diría que un internista es un médico en el sentido más clásico de la palabra. El médico generalista, integral. Esto, por supuesto, no es exclusivo de nuestra especialidad: lo comparte con otras de vocación generalista, como Medicina de Familia o Geriatría.

La madre de las especialidades médicas

 

De la Medicina Interna se han ido diferenciando el resto de especialidades a medida que el conocimiento médico avanzaba y resultaba imposible abarcarlo todo y seguir profundizando en cada área. En ese sentido, la Medicina Interna es la “especialidad madre”.

 

En muchos planes formativos del mundo todavía se respeta esta idea: primero se realiza una formación troncal como internista y, después, una subespecialización. Personalmente, me gusta más este enfoque. Creo que todo médico debería tener una base sólida y amplia antes de especializarse.

 

No tiene mucho sentido ser capaz de colocar un stent en la descendente anterior si no sabes diagnosticar y tratar una neumonía o una alteración metabólica grave. La muerte no distingue entre especialidades. Uno de mis maestros definía muy bien esta visión limitada: la llamaba el escotoma del especialista.

Un médico versátil. Un médico de trinchera

 

Como especialidad central, valemos “para un roto y para un descosido”. Me gusta pensar que somos el pegamento del hospital.

  • ¿No se sabe qué tiene el paciente? → Medicina Interna.

  • ¿El paciente tiene muchas complicaciones? → Medicina Interna.

  • ¿La enfermedad afecta a varios órganos? → Medicina Interna.

  • ¿Nuestro servicio está saturado? → Medicina Interna.

 

Como un director de orquesta que coordina a muchos primeros violines, o como una abeja obrera en un enjambre a veces caótico, los internistas somos animales del hospital. Nuestras plantas de hospitalización suelen ser las más grandes, y es raro encontrar un hospital sin un servicio de Medicina Interna (aunque sí puede no tener muchas otras especialidades).

 

Es una especialidad de batalla, porque trabajamos con todas las demás. Y los médicos, a veces, somos difíciles de tratar. Por eso, si estás ingresado, querrás tener a un internista de tu lado: somos persistentes. Nos gusta llegar al diagnóstico, seguir cada caso hasta el final, y no necesitamos ser nosotros quienes lo resolvamos: nos basta con asegurarnos de que el paciente llegue a donde tiene que llegar.

 

En esto, creo que el internista es un médico humilde. A veces lo explico con un símil futbolístico: nuestra posición sería la de centrocampista. Hacemos jugar al equipo, llevamos el balón de un lado a otro, y muchas veces no metemos el gol. Sin embargo, se nota —y mucho— cuando ese centrocampista no está en el campo.

 

Y sé que, después de tratar con un internista, el paciente nunca olvida nuestra labor.

 

¿Has sido atendido alguna vez por un internista? ¿Conocías esta especialidad? Te leo en los comentarios.

Siguiente
Siguiente

El síndrome posthospitalización